1000-maneras-de-morir

Todos hemos crecido con las “recreaciones audiovisuales” como parte de nuestro ADN televisivo. Echémosle la culpa a “¿Quién Sabe Dónde?“, donde Lobatón nos llevaba de la mano hasta un pantano en el que chapotear felizmente con en el morbo de ‘ver’ en primera persona desapariciones donde la truculencia era mucho más expresa que implícita… ¿O acaso alguien va a negar que aquellos clips catódicos son los padres (alegremente) bastardos del rollito pseudo-verídico pero intensamente efectista de Iker Jiménez y su “Cuarto Milenio“? A medida que la televisión ha ido haciéndose más barata (en todos los sentidos: barata en costes y barata en moral), sin embargo, lo de las “recreaciones audiovisuales” se nos ha ido yendo de las manos hasta tal punto que ha acabado por aparecer un programa como “1000 Maneras de Morir“. Y digo ‘programa’ por no decir ‘monumento al gore calentorro y el sexo de bajísimo presupuesto’.

Por si todavía no te has quedado enganchado y completamente perplejo ante alguno de sus episodios, podríamos definir “1000 Maneras de Morir” como un diccionario de muertes sorprendentes. Cualquiera podría pensar que esto es una especie de esfuerzo enciclopédico profundamente documentado, pero resulta que los creadores del show se pasan la verosimilitud por el forro sudado de sus cojoncillos (si no, ¿cómo se explica que, tras su muerte, los guionistas sepan que la mujer que muere ahogada por un pepino sepan que estaba toda cachonda tras ver el paquetorro de su vecino ciclista?) Vamos, que esto es más una oda a la risa desprejuiciada que una investigación seria de las miserias humanas.

Cada capitulo incorpora una media de cinco muertes que, más o menos, siguen la misma estructura interna: primero nos metemos de lleno en una recreación para la que se han elegido a los peores actores y para la que se utiliza un atrezzo y un vestuario salvados tras un incendio de La Bolsera. Tras la aparatosa muerte, siempre entra en acción algún especialista en bioquímica, anatomía forense o física cuántica que explica científicamente por qué es jodido morir ahogado en tu propio vómito. Y, por si esto fuera poco rocambolesco, todo se ve coronado por alguna recreación en 3D realizada por algún paciente de guardería psiquiátrica adolescente. El colofón final es una viñeta de cómic que encuadra la muerte y la etiqueta con nombres tan sugerentes como “Murió plantando un pino“, “Salchicha Asesina“, “Murió haciendo el amor con una estatua“, “Conductor trinchado como un pollo“, “Muere al estallarle una granada en el culo” o “Asfixiada por sus propios pechos“. Ese es el nivel.

 

¿Las malas noticias? Que la serie, originalmente emitida en el canal Spike, ya está cancelada y no llega ni de coña a las 1000 maneras de morir que anuncia su propio título. Los capítulos originales, además, venían locutados por un Ron Perlman al que echaríamos de menos si la voz del doblaje español no fuera terriblemente adictiva de lo cabronesca que resulta. Por si hay algún freak entre nosotros que necesite datos concretos, aquí van unos cuantos: en total se emitieron cuatro temporadas (aunque la tercera está dividida en tres sub-temporadas que se emitieron en años alternos y, de hecho, cada una traía menos capítulos que la anterior) hasta que los creadores y productores del programa se amotinaron contra Spike en una huelga a saber por qué (suponemos que pedían menos dinero para ver si así conseguían inventar una bazofia televisiva por debajo de la serie Z).

Pero lo importante no es eso: lo importante es que, si tienes la suerte de pillar algún día un episodio de “1000 Maneras de Morir” vas a encontrarte con maravillas televisivas de altura como el soldado que se intentó chuscar a un mapache en Chernobil y se quedó sin pene, el tipo que creía que era un semental pero que se dio cuenta tarde de que le había picado una araña mortal después de beneficiarse a cuatro chatis seguidas o la guarrilla que se ató a la silla con unas esposas para calentar a un tipo haciendo cam-sex y acabó ahogándose en su propio vómito después de que le visitara un ladrón con halitosis. ¿Empezamos una recogida de formas para que los creadores puedan retomar la serie y completar las 1000 maneras de morir?

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¿QUIÉN DEBE VERLA? Fans de “Cuarto Milenio“, pero también de la Serie Z. También perturbados mentales y sociópatas en potencia.
¿POR QUÉ DEBES VERLA? Porque sigue siendo mejor que “Gran Hermano“. Y para aprender científicamente por qué es peligroso practicar una lluvia dorada mientras folleteas sobre una manta eléctrica.
¿DÓNDE PUEDES VERLA? En Antena 3 Nitro, La Sexta y Canal Odisea. También en tus peores pesadillas.

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