Underworld: es mencionar su nombre y la memoria se va directamente a tiempos no tan lejanos en los que las fiestas eran realmente fiestas, no como las mojigaterías poligoneras de hoy en día. Sin embargo, que fuesen más auténticas (o en nuestro ideario, más legendarias) no quiere decir que llegasen a ser verdaderas raves, al estilo de lo que se practicaba en aquel momento en Gran Bretaña. Ya nos gustaría haber alcanzado aquel nivel, haber capturado aquella esencia, sobre todo cuando comprobábamos que a lo máximo que llegábamos aquí en cuestión de juergas techno multitudinarias en campo abierto se circunscribía a la ruta bakaladera-chimobayesca (nefasto panorama, ante el cual resultaba más gratificante la opción de extasiarse en parajes ajenos a ese ambiente o en la intimidad del hogar). Pero no es momento de ponerse nostálgicos (aunque el que firma estas líneas se imagine vestido con una camiseta con el lema “I make my own rave” y la chapa “I ♥ 90s”) ni recordar lo que Underworld significó en determinados momentos lúdico-nocturnos, ya que no se haría justicia a la obra de Karl Hyde, Rick Smith y Darren Emerson (miembro del combo hasta el año 2000). Estos caballeros de la electrónica fueron y son mucho más que los autores de “Born Slippy”, tema que se convirtió en una especie de maldición que estigmatizó su trayectoria posterior… y anterior: se llegó a un punto en el que parecía que su primer gran disco, “Dubnobasswithmyheadman” (Wax Trax!, 1993), nunca había existido. Un punto en el que se dudaba de la excelencia de “Second Toughest In The Infants” (TVT Records, 1996) por no tener entre su tracklist la cancioncilla de “Trainspotting” (Danny Boyle, 1996), cuando originalmente se había publicado como cara B de uno de los singles del disco. Es lo que tiene romper moldes hasta límites insospechados casi sin querer…. Si no, que se lo pregunten a The Chemical Brothers u Orbital, otros tótems que, a pesar de los años transcurridos, siguen insuflando aire a los escuálidos cuerpos de la juventud actual, huyendo (meritoriamente) de su pasado.

En el universo de la electrónica (de baile o no), las dificultades para mantenerse en la cima se multiplican por mil: aparecen estilos y sub-estilos diferentes, por decirlo de algún modo, cada semana, los sonidos conocidos se metamorfosean, los avances tecnológicos dominan los procesos de composición, aceleran su evolución y surgen nuevos ídolos rápidamente (a algunos ni se les conoce la cara). Por ello, mentar cada temporada el retorno de alguno de esos dinosaurios del género se asemeja a un anacronismo, como si ese acto no encajase en un presente veloz y cambiante. En el caso de Underworld, ya sucedió algo similar hace ocho años con la publicación de “A Hundred Days Off” (V2, 2002), sensación que se acentuó con “Oblivion With Bells” (RED Distribution, 2007): dos álbumes que certificaban su fatiga creativa y a la vez su nervio bailable, bien tensado gracias a la rompepistas “Two Months Off” y a “Crocodile”. ¿Los Underworld del siglo XXI vistos otra vez como simples hacedores de sencillos para las masas? El dúo británico intenta concretar la respuesta a esa pregunta y escapar del estereotipo con “Barking” (Cooking Vinyl / PIAS Spain, 2010), el que se supone que es su disco más compacto de la década, con la ayuda de varios colaboradores insignes, hecho inaudito hasta la fecha puesto que Hyde y Smith (y Emerson) siempre se lo habían guisado y comido sin invitados a la mesa.

Para abrir boca, Dubfire construye la base tech-house y los arpegios progresivos de “Bird 1”, corte lineal que incorpora dos de las señas de identidad de los londinenses: la armonía vocal y los ascendentes teclados esponjosos. El componente de Deep Dish también metió la mano en “Grace”, que calca el patrón rítmico anterior pero embriagado de unos evocadores efluvios ochenteros. Siguiendo con la lista VIP desplegada en los créditos de “Barking”, aparecen Mark Knight y D. Ramírez, cuya producción exprime el jugo rítmico de “Between Stars” (de envoltura trance) y, principalmente, “Always Loved A Film”, puntas de lanza que pueden ayudar a que Underworld conquisten por enésima vez las dancefloors a nivel planetario (por cierto, merece la pena destacar la remezcla de este último tema realizada por AmpLive, que le aplica una proteínica pátina pop y electro, por separado). El tercer miembro que completa la Santísima Trinidad techno que manejó parte de la producción de este disco es el alemán Paul Van Dyk, que hace suya “Diamond Jigsaw”, convirtiéndola en un delicioso (así es, aun tratándose de Van Dyk…) caramelo optimista de tonada guitarrera agradable. El correspondiente acercamiento a las corrientes musicales imperantes en el último lustro recayó, por un lado, en la figura de High Contrast, mago del IDB (Inteligent Drum ‘n’ Bass) encargado de moldear “Scribble” según los cánones contemporáneos, aunque las sensaciones que transmite obligan a pensar más en el genuino jungle noventero (sin ir más lejos, el de Goldie) que en los dubs y steps surgidos en los albores del tercer milenio; y, por otro, en la pareja Appleblim & Al Tourettes, que sí logra ese cometido con la instrumental “Hamburg Hotel”, de melodía intrigante y bajos sinuosos, pero que se queda en un experimento breve sin más chicha que sus ecos reverberantes.

Al principio hablábamos de raves, de la edad de oro de la juerga química… ¿Queda algún rastro de todo eso en “Barking”? En el sentido estricto y salvaje de los términos, no. Hyde y Smith ya tienen una cierta edad como para meterse en esos berenjenales, y lo suyo ahora es seguir presentes en las fiestas pero sabiendo que la hora de retirada cada vez se adelanta más. El fiel reflejo de esa situación lo conforma el tercio final de este LP, ocupado por tres piezas tranquilas y pausadas (“Moon In Water”, “Lousiana” y “Simple Peal”), ideales para escuchar al llegar a casa y relajar los oídos mientras uno se mete en cama antes del amanecer… cuando antes ese mismo tipo de melodías se usaban para mitigar el bajonazo post-fiestero tirado en el sofá con los rayos del sol del mediodía golpeando en toda la cara. Cosas de la edad, como estarán diciendo en este instante muchos de ustedes, con sus camisetas del “I make my own rave” y la chapa de “I ♥ 90s” guardadas en un cajón del armario…

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