Pide un deseo… Que tres reputadas cantautoras, difíciles de ver en directo por estos lares, poseedoras de un estilo propio, diferentes pero similares entre sí y pertenecientes al circuito alternativo anglosajón realicen un gira de tres fechas en España sobre las tablas de tres escenarios imponentes, homenajeando al mismo tiempo a la legendaria Nina Simone y haciendo un llamamiento a la lucha contra la violencia de género, causa de fondo impulsora de la iniciativa. El colectivo gallego Coconut Producciones, organizador de tal acontecimiento bautizado como Voces Femeninas, había elegido para su quinta edición que sus rutilantes estrellas fuesen Lisa Hannigan, Little Scream (seudónimo de Laurel Sprengelmeyer) y Holly Miranda, aumentando el prestigio acumulado en cada una de las citas anteriores del ciclo. La tarea, a priori, no resultaba nada sencilla, dados los nombres de las figuras que ya habían brillado en él en años pasados, como Emmy The Great, Basia Bulat o Sharon Van Etten, entre otras. Pero, a medida que se iban desarrollando las actuaciones (primero en el Teatro Lara de Madrid y luego en el Teatro Principal de Ourense), llegaban informaciones (cosas de las redes sociales, ya saben…) que afirmaban que lo que se había vivido en ellas permanecería para siempre en la memoria de los allí presentes. Exagerado o no, aún quedaba una oportunidad para constatarlo en el último concierto del evento, en el Centro Cultural Novagalicia Banco de Vigo.

Con una enorme imagen de Nina Simone (esta de aquí) presidiendo el elegante decorado y su inconfundible voz creando una confortable atmósfera, todo estaba preparado para que se iniciase un viaje sonoro por los diversos espacios físicos y supra-terrenales que sugerían cada una de las invitadas de la noche. La primera en salir, una delgadísima Holly Miranda, parecía querer trasladar al respetable los aires espartanos y austeros de su ciudad de origen, Detroit. Sola, armada con su guitarra eléctrica, decidió cambiar el velo dream-pop y de psicodelia de algodón de The Magician’s Private Library (XL Recordings / PopStock!, 2010) por la coraza y firmeza sentimental de Cat Power o la mencionada Sharon Van Etten, más propias de los tiempos en su antigua banda, The Jealous Girlfriends. De esa época rescató una intensa “Carry Me”, que abrió la primera mitad de su intervención entre milimétricos y transparentes punteos guitarreros, en la que destacó su revisión de “Nobody Sees Me Like You Do” de Yoko Ono. Con todo, su economía de recursos no le impedía dotar de emoción a sus palabras para transmitirlas inmaculadas y dulcificadas al público, sobre todo cuando se sentó al piano: ante sus teclas, transformó en terciopelo de cristal la inédita “Everlasting” o “Everytime I Go To Sleep”, a la que unió la breve “Hymnal”, culminada con el agudo de su hechizante voz elevado al cielo, sublime resumen del modo en que había desnudado su repertorio y su alma durante su show.

Poco después, Little Scream se plantó delante del micrófono golpeando con fuerza su pie derecho mientras interpretaba sus primeras notas vocales. En su caso, daba la sensación de que haría de guía de una de las tradicionales fiestas folk de su Iowa natal. No llegó a tanto, porque en cuanto entró en acción su ayudante Marcus Paquin a las seis cuerdas, el bombo y los coros, comenzó a mecer parte de su álbum “The Golden Record” (Secretly Canadian, 2011) con la suavidad de la guitarra acústica y la steel guitar. Así, “The Lamb”, “Your Radio” o “The Heron And The Fox” lograban evocar paisajes compuestos por verdes praderas, dorados trigales e incluso campos nevados, típicas postales de un vaporoso lugar que dibujaban los juegos vocales pergeñados por Laurel y Marcus entre algún que otro riff eléctrico. Little Scream consiguió crear, gracias a un cancionero sensible a la par que penetrante, la banda sonora ideal de un imaginario paraíso en la tierra.

De la misma manera que habían procedido sus dos colegas, Lisa Hannigan emergió de la oscuridad del backstage sin compañía para abrir su participación con la susurrante “Little Bird”, cuya melodía vocal progresiva hilvanó con la también candorosa “Passenger”, mandolina en mano y flanqueada en la guitarra por John Smith y en la batería por Ross Turner. A pesar de su procedencia irlandesa (su voz rasgada le delataba), la cantautora supo igualmente transitar con facilidad de los tramos puramente norteamericanos de “Passenger” (autoeditado, 2011), como el folk de cuna de “O Sleep” (con Smith dándole réplica en los coros), a los más épicos (“A Sail”) y profundos (“Flowers”) de sangre gaélica, en los que se entregó sin condiciones. Por su ánimo, su empatía y simpatía con el poblado graderío, sus cantos a la amistad y sus arrebatos de timidez, recibió el mayor número de aplausos de la velada. La final y briosa “Knots” rompía con energía el embelesamiento general para recordar que la celebración a la belleza musical hecha mujer del Voces Femeninas 2012 se acercaba a su fin…

Pero aún quedaba por ver cómo las (y los) protagonistas de la noche se reunían en el escenario para brindar dos regalos: una sentida dedicatoria a la efigie que había ejercido de inspiración durante el acto, Nina Simone, vía versión solemne de su “Don’t Let Me Be Misunderstood”; y una recuperación de otro clásico, el “The Night They Drove Old Dixie Down” de The Band, en forma de oda colectiva acapella a una semana mágica, repleta de experiencias inolvidables vividas por Lisa Hannigan, Little Scream, Holly Miranda y un satisfecho público que demostró que propuestas como la del ciclo Voces Femeninas, una delicia para la vista y el oído, son las que vedaderamente apetecen y atraen. Volvamos a la pregunta del principio: ¿qué deseo habías pedido? Concedido… una vez más.

[FOTOS: Nacho Iglesias]

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