Warpaint son las chicas raras de la escena musical femenina californiana: en una hipotética fiesta de graduación de instituto, Bethany Cosentino sería la reina y Dee Dee Penny (la cantante de Dum Dum Girls) la dama de honor, mientras que Emily Kokal (voz y guitarra), Theresa Wayman (guitarra y voz), Jenny Lee Lindberg (bajo y voz) y Stella Mozgawa (batería, teclados y voz) estarían en un lado de la pista de baile (bien cerquita de Zola Jesus), impertérritas, sin importarles que los demás las ninguneasen como a Carrie en la película que lleva su nombre. Tampoco es que haya que verlas como a las hijas de Satán (símil que sí utilizó recientemente el NME en la portada dedicada al cuarteto de Los Ángeles), dispuestas a convertir una divertida reunión adolescente en un baño de sangre… Ellas, simplemente, demuestran que no les va eso de tumbarse en la playa, pasear bajo el sol y cantar a la ligera sus cuitas porque los chicos no les hacen caso, sino que prefieren caminar por la tramoya de ese decorado luminoso y, a veces, artificial. Su inclinación por el lado oscuro de la vida viene dado por su particular ADN, heredado de ciertas damas conectadas con el más allá o con un pie en alguna dimensión paralela, como Hope Sandoval o Siouxsie Sioux. El espíritu de ambas ya se reflejaba en el slow rock hermético (de atmósferas densas, rodeado de una bruma permanente) de su EP de debut, “Exquisite Corpse” (Manimal Vinyl, 2009), mezclado e impulsado por su amigo John ‘Chili Pepper’ Frusciante. Cuentan las crónicas que, una vez abierto el ataúd donde descansaba ese cadáver exquisito, comenzó a extenderse una extraña niebla por todo Los Ángeles, acompañada de fondo por unas susurrantes voces: las de las enigmáticas Emily, Theresa, Jenny Lee y Stella, capaces de construir paisajes unas veces decadentes, otras divinizados, pero siempre anclados a la realidad.

Aquel EP presentaba en todo su lánguido esplendor el tejido sedoso que se despliega en el primer largo de la banda, “The Fool” (Rough Trade / Pop Stock!, 2010), una colección de nueve delicadas gemas de belleza crepitante y un sonido áspero que hunde sus raíces no sólo en el pasado (al after-punk primigenio), sino también en el presente: para que se hagan una idea, unan la cadencia comatosa de Trespassers William, la armonía vocal de Azure Ray, el minimalismo de The xx y el romanticismo de, efectivamente, su vecina Zola Jesus (sin su gravedad ni su velo neo-gótico). Aunque Warpaint poseen su propia personalidad, plasmada en unos textos que sacan a la luz la cara oculta del corazón y en un constante diálogo entre cada una de las guitarras (suaves como gotas de bálsamo, sin acordes superfluos) y el bajo. El mejor ejemplo de esa tensión instrumental sería “Undertow” (canción que corrió como la pólvora a través de la blogosfera los últimos meses), cuya estructura (extensible al resto de cortes de “The Fool”) transcurre lenta y progresivamente hasta alcanzar un punto en el que los conceptos de reproche y culpabilidad se elevan a un plano casi espiritual. Así se mueven estas cuatro chicas: sin tocar tierra, rozando con las yemas de sus dedos las puertas que dan entrada a espacios oníricos y, la mayoría de los casos, asfixiantes. La materia con la que trabajan es el dolor y, sí, la escena puede resultar hiperdramática, pero son capaces de retorcerlo hasta dar con las claves para acabar con él, bien sedándolo (“Shadows”, “Baby”) o bien explosionándolo (“Set Your Arms Down”, “Warpaint”). Es decir: consideran la angustia como la causa y el efecto del destrozo que el amor y otras pulsiones instintivas producen sobre las almas y que provocan que una persona cabal pierda el rumbo (“Composure”). Paralelamente, se establece un macabro juego con lo que sucede (la ira) y la manera en que todo puede acabar (la muerte), lo que conlleva incluir otro factor que interviene decisivamente en esta depuración física y metal: el miedo. Sin miedo no hay valor para enfrentarse a monstruos, ya sean reales o imaginarios, como los que se yerguen en la monumental “Majesty”, quintaesencia de esa eterna lucha entre Eros y Tánatos.

Todo este proceso conflictivo desemboca en un océano de fatalidad. Ni siquiera la superficie lustrosa de “Lissie’s Heart Murmur”, sostenida por un piano protagónico mecido con candor, permite abrir una pequeña espita que rebaje una presión tan difícil de soportar. Si ocurriese lo contrario, el discurso que vertebra “The Fool” perdería su sentido y Warpaint su capacidad de atravesar sombrías y solitarias travesías personales sin caer en el lamento fácil. Por ello, no hay que dejarse llevar por la sencillez semántica del título de este disco: hay que ir más allá y evitar las apariencias. La misma perspectiva ampliada desde la que cada uno de nosotros debería tratar los asuntos más importantes de la vida…

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