shamir

¿Un Prince que cojea de androginia del siglo 21? ¿Unos Hot Chip con toneladas de ambigüedad sexual? Así es Shamir, nuestro nuevo WhatsHype!?

 

¿DE DÓNDE SALE? De Las Vegas… Por mucho que sus pintas hagan pensar que más bien debe ser algo así como el hermano delgaducho de MNEK en los suburbios de Londres: los dos se gastan una ropa imposible que parece recoger directamente el legado de M.I.A. pero en versión (más o menos) masculina y, sobre todo, ambos tienen esos pelazos luchando contra las leyes de la gravedad y reivindicando una negritud afro que marca la diferencia ante muchos blanquitos como la leche que han creído que el nuevo r&b puede ser cosa suya. Ni hablar. Ah, bueno, otro rasgo muy característico de Shamir es el puñetero septum, que parece que a las nuevas generaciones se lo regalan con los Krispies de Kellogg’s. Porque, si no, no me lo explico.

Sea como sea, y más allá de las pintas, la procedencia de Shamir de Las Vegas es realmente extraña: además de en Londres, su música hace pensar en Nueva York, en Los Àngeles, allá donde sea que se mueve el cotarro. Será, sin embargo, que el niño creció con muy buenas influencias: su tía era escritora de canciones y vivió una temporada en la casa donde creció Shamir. Eso significa que el chaval no sólo se empapó de buenísimas referencias musicales, sino que a los 9 añitos ya estaba componiendo su propia música, que a los 16 creo un dúo de punk que tuvo que disolver después de que su compañero se quedara completamente congelado en el escenario durante su primera actuación y que, finalmente, a los 19 ya le había fichado el sello Godmode de Nueva York, donde lanzó su primer EP, “Northtown” (Godmode, 2014). Todo ello no fue nada más que un bonito prólogo para estos días en los que Shamir ha empezado a escribir su historia gracias a un debut pletórico titulado “Ratchet” (XXL, 2015).

NOS TIENE TÓ LOCOS PORQUE… En estos tiempos en los que Prince es mentado continuamente como un referente ascendente, Shamir es el que mejor se acerca a la icónica y ambigua figura (o, por lo menos, a algo así como la figura de Prince producida por Hot Chip). Primero, en una voz de contratenor que es dulcemente andrógina. Eso sí, no es andróginia en plan sexual, ni mucho menos, sino  que más bien es una voz plenamente enfocada a la pista de baile: cuando se acerca a lo femenino, es para evocar a una juventud fresca con toques de feliz mariconería; y cuando opta por lo masculino es para darle funk a sus temazos y anclarlos al suelo con sólidos cadenotes. Pero, evidentemente, Shamir también “es” Prince en otro sentido: en la ambigüedad sexual de su propia imagen. Eso sí, la ambigüedad de Shamir está muy lejos de aquel rollo ochentero de hombreras y eye-liner: lo suyo es una androginia del siglo 21 repleta de gestos provocadores y de un sentido de la moda que deja en pañales a las supuestas nuevas divas del pop como las petardas de Charlie XCX o Iggy Azalea.

PREDICCIÓN DE FUTURO. En Pitchfork vienen mimando a Shamir desde el pasado año 2014… Así que era cuestión de tiempo que la cosa petara por algún sitio. Al final, ha sido su recién editado “Ratchet” el que ha hecho saltar la liebre: once temarrales que saben a verano de baile a la luz de la luna y que, por desgracia, llegan demasiado tarde como para asegurarle al niño un puesto de honor en los carteles festivaleros de medio mundo. Tiempo al tiempo: “Ratchet” va a ser un grower en potencia que, de aquí a un año, puede llevar a Shamir a algunos de los mejores escenarios del mundo. Aunque, si alguien me pregunta a mi, la verdad es que preferiría que algún club lo trajera en horario de madrugada para alegrarnos una buena sesión de fiestaca.

DOS Y DOS SUMAN CINCO. Prince + androginia del siglo 21 + Hot Chip + toneladas de ambigüedad sexual = Shamir

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