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¿DE DÓNDE SALE? Del anonimato de la blogosfera… Como el 97,18 % de los nuevos artistas que se han acercado con mayor o menor acierto a la renovación de géneros habitualmente lúbricos como el R&B y el soul. Pero, ojito, porque lo de Cole Williams (que este es el nombre del antiguo estudiante de diseño gráfico que, a sus 25 años, ha decidido esconderse -pero poco- detrás del nombre The Child of Lov) está en las antípodas de la solemnidad y la seriedad de otras propuestas como las de Rhye o How To Dress Well. De hecho, en todo lo que se ha podido ir escuchando de The Child of Lov hay siempre algo parecido a un poso de sorna y cachondeo, como una versión friendly de Die Antwoord (¡ese bigotillo de adolescente calentorro recién salido de “Porky’s“!) y Har Mar Superstar (¡esa coletilla samurai de loser de instituto yanki flipado con el cine wuxia!). Además, es que las canciones del debut homónimo, “The Child of Lov” (Domino, 2013), parten del R&B y el soul para enriquecerlo con ciertos toques de hip-hop e incluso de aquel funk ochentero para folletear en asientos traseros de coches de veinteañeros. Imposible no hacerse fan de semejante despropósito.

NOS TIENE TÓ LOCOS PORQUE… Parece broma. Pero no lo es. La principal prueba de que esto va muy pero que muy en serio es la colección de colaboradores ilustres que vienen encapsulados en su debut “The Child of Lov“: Damon Albarn, Thundercat ¡e incluso DOOM! Porque, vamos a ver, si hay alguien en este mundo que parece no tener sentido del humor, ese es DOOM. Así que habrá que dejar de lado el cachondeo a la hora de sopesar el debut en largo de Cole Williams, por mucho que se empeñe en planterle nombres como “Rotisserie” a algunas de sus canciones. Al fin y al cabo, bien podríamos tomarnos semejante peripecia de surrealismo musical como una versión indie de Gnarls Barkley. ¿Quién no se va a rendir ante semejante presupuesto?

PREDICCIÓN DE FUTURO. Va a montar un espectáculo de guarrillas facilonas y camas redondas sobre el escenario capaz de dejar en paños menores al sátiro viejo verde de Sébastien Tellier. Y, con semejante show, está claro que lo va a petar en los festivales de medio mundo… Mientras tanto, nos dará tiempo para asimilar las canciones de “The Child of Lov“. Porque, después de dejarnos desencajados, está claro que necesitamos un tiempo de reflexión.

DOS Y DOS SUMAN CINCO. Prince + muchos centímetros de altura + Gnarls Barkley + un poco más de estilo (aunque no mucho más) y un poco menos de voluntad masiva = The Child of Lov

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