En la Fast Date que hace unos días nos brindaron gentilmente los barceloneses Wiggum, decíamos que un pajarito nos había contado que su música era una mezcla entre El Niño Gusano y Los Pecos. Esta afirmación, en un punto intermedio entre el pensamiento automático y una broma de buen gusto, es el fiel reflejo de lo que experimentan en su laboratorio musical estos cuatro chicos (Julio Salvador, voz y guitarra; Halldór Már, voz y guitarra; Marc Miralles, bajo; y Dani Barrera, batería): un pop cristalino y luminoso que relata crónicas de la vida misma (con sus tristezas y sus alegrías) sin perder en ningún momento el ánimo ni cierta melancolía e inocencia adolescentes. Siempre se agradecen actitudes tan positivas como la de Wiggum a la hora de encarar sus esfuerzos creativos, más si cabe después de repasar su historia particular, alejada de la tranquilidad y la calma que seguro hubieran deseado: este su disco de debut, “Sintón Nisón ama a Nifú Nifá” (El Genio Equivocado, 2011) se grabó y remató hace más de un año, pero su camino hasta que cayó en manos de El Genio Equivocado fue largo y dificultoso, incluida la búsqueda de un nuevo percusionista tras la marcha de Manu Sitges a finales de 2010.

Así que la salida de este álbum bajo el amparo del sello catalán, transcurridos los meses y después de darse a conocer y difundirse a través de la globosfera, se puede interpretar como la auténtica rampa de despegue de Wiggum. Un LP que funciona, al mismo tiempo, a modo de gran lienzo sobre el que la banda plasmó su visión audaz y vitalista del pop: basta con echar un vistazo a la manera en que integran los múltiples significados de la palabra color en sus notas biográficas, en la sonoridad de sus composiciones y también en la portada de este trabajo, un collage de dulce surrealismo que reúne varios elementos simbólicos (verdes praderas, un faro costero, un Volkswagen Escarabajo, unos globos aerostáticos…) por los que merece la pena tener los pies en este mundo. A estas referencias comunes y universales se añaden aquellas más concretas que se ajustan a las diez canciones convertidas en hechos reales que construyen el corpus de “Sintón Nisón ama a Nifú Nifá”. Su temática, como no podía ser otra forma, se centra en el amor y todas las direcciones que suele tomar, y aparece revestida (dando un paso más allá de la dicotómica frase del comienzo que describía graciosamente quiénes son Wiggum) de un ropaje elegante que remite al mejor pop anglosajón de filiación sesentera que se practica aquí actualmente (“Cuentos Azules”, “La Chica Imaginaria” y “Un Lugar Mejor” recuerdan poderosamente a los Tachenko más brillantes en su sonido y más certeros en sus letras) y se practicó en el pasado al otro lado del Atlántico (el espíritu de The Byrds mece en su regazo los estribillos de “Algún Día”, “Jacques Cousteau” y “Campanas”).

Al lado de estos compases de pop brioso se mueven en el mismo nivel los tramos reposados del disco, los cuales no pierden luz en su superficie pero ganan cierta profundidad en su fondo: “El Cielo De Los Charcos” atrapa por sus acordes de guitarra transparentes y puros como el agua de un manantial y “El Aire Entre Tú Y Yo” cautiva por los coros ejecutados con la sinceridad de quien habla a una segunda persona con la mano en el corazón (y viceversa). El contraste claroscuro a estas postales que buscan que el sol tiña de tonos rojizos su horizonte elegíaco lo aportan “Así Estoy” (dotada de una electricidad densa) y “Amanda Lane” (resuelta de nuevo por una efectiva propuesta coral que parece germinar de algún lugar irreal y decadente para repetir una y otra vez, cual ritual sanador, el nombre de la figura femenina que le da título).

Volviendo a la Fast Date que recordábamos al principio de esta reseña, en ella declarábamos abiertamente nuestra confianza en Wiggum al confesar que es una de las joyas ocultas del pop alternativo patrio. Por ahora no cambió este sentimiento y dudamos de que algún día suceda… Y es que la materia que guarda en su interior “Sintón Nisón ama a Nifú Nifá” no tiene fecha de caducidad y posee el carácter atemporal suficiente para que pasen los meses y los años y siga resultando igual de reconfortante y plácida para el corazón como en este preciso instante.

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