Hace casi doce años, Bryan Singer estrenaba su primera entrega de la saga “X-Men“, dando el pistoletazo de salida a lo que seria una de las franquicias más rentables de los últimos años. Singer filmó sin demasiadas pretensiones una correcta traslación del cómic creado por Stan Lee en la década de los 60, que no sólo le reporto los aplausos de critica y público, sino también de toda la horda de geeks que esperaban con uñas afiladas un estrepitoso fracaso. Tres años más tarde, el director volvía a sorprendernos con su secuela, realizando una película mucho más ambiciosa, compleja y profunda, siendo hasta la fecha, junto con el “Spider-man 2” de Sam Raimi, la mejor adaptación del universo Marvel a la gran pantalla. Dicha película puso a su director en el punto de mira de todas las majors, haciendo que la Warner Brothers le diera carta blanca para rodar su proyecto soñado desde la infancia; “Superman Returns“. Este último movimiento le hizo abandonar la idea de realizar la tercera entrega de la saga de los mutantes (ya es sabido que no hay nada que tiente más que rodar a un tío buenorro, que vuela y que lleva los calzoncillos por encima de lo pantalones). La marcha de Singer del proyecto, obligó a los directivos de la Fox a buscar a un substituto inmediato para ponerse al mando… Fueron muchos los nombres que se barajaron al principio, entre ellos el de Matthew Vaughn, pero finalmente los estudios se decantaron por Brett Ratner, el padre de esa aberrante trilogía llamada “Hora Punta”. La elección de Ratner (más conocido por sus fiestas en la mansión que tiene en Los Ángeles que por sus éxitos artísticos) no fue arbitraria: a pesar de ser uno de los cineastas con menos autoridad del Hollywood actual, ha demostrado que casi siempre cumple con las fechas de rodaje establecidas, con los presupuestos pactados y que es un tipo fácil de manipular. A pesar de ser la cinta menos interesante de la trilogía, “X-Men: La Decisión Final” es, hasta hoy, la que mejores resultados ha generado en taquilla.

Tras esta tercera parte, los estudios decidieron aparcar momentáneamente la continuidad de la saga para sacarse de la manga los orígenes de cada uno de los personajes de la Patrulla X y así poder engrosar un poco más las arcas del estudio, no sea que alguno de sus dirigentes se quede sin poder pagar el combustible de su jet privado. Esto propicio que hace un par de años se estrenara la primera entrega con el personaje de Lobezno a a la cabeza con “X-Men Origenes: Lobezno“: una autentica petardada que no supo respetar a los personajes de la saga, como sí lo hicieron sus anteriores adaptaciones, y que merece ser totalmente olvidada. La película obtuvo unos resultados muy alejados de los esperados, por lo que se decidió invertir en otra estrategia y explicar el primer encuentro entre el Profesor X y Magneto en la nueva entrega…

De nuevo, el primer director contratado fue Bryan Singer aunque, por razones contractuales con la Warner Brothers, tuvo que abandonar el proyecto (otra vez) para rodar el remake en tres dimensiones de “Jack The Giant Killer” (aunque parece que Singer se involucró bastante en el guión de esta nueva entrega). Otra vez sin director, los estudios decidieron rescatar de la lista de posibles directores a Matthew Vaughn y darle las riendas de la dirección en la nueva aventura mutante. Este, que antaño fue el productor de las primeras películas de Guy Ritchie, ya demostró con su primera película “Layer Cake” que, ademas de ser el marido de Claudia Schiffer, tenia sobradas tablas como realizador (hay que destacar que, gracias a esa película, posteriormente Daniel Craig se hizo con el papel de James Bond). En su segundo film, Vaughn se atrevió a adaptar la novela “Stardust” y, pese a algunas irregularidades en su guión, la cinta trasladaba correctamente en imágenes el cuento adulto que Neil Gaiman, acentuando la vena gamberra de su director, que terminaría de definirse totalmente en su siguiente película: “Kick-Ass”, su mejor obra hasta la fecha. Esta última sigue siendo a día de hoy la película mas personal de Vaughn, y respeta en todo momento el cómic homónimo de Mark Millar. Tras este repaso, pasemos a hablar de la nueva cinta de la Fox, quiero decir, de Mathew Vaughn: “X-Men: Primera Generación”.

La acción de “X-Men: Primera Generación”, nos sitúa en la década de los años sesenta, mientras los EEUU y la Unión Soviética viven una enorme tensión ante la amenaza nuclear en pleno auge de la Guerra Fría. Es dentro de este contexto donde conocemos a Charles Xavier y Erik Lensherr (interpretados por James McAvoy y Michael Fassbender, respectivamente) antes de pasar a ser Profesor X y Magneto. La relación de amistad y respeto mutuo que mantienen da lugar a que ambos decidan crear una escuela para jóvenes mutantes para que, así, ambos puedan ayudarles a desarrollar sus poderes y a enfrentarse ante la hostilidad de un mundo incapaz de comprenderles por ser diferentes. A su vez, Sebastian Shaw (Kevin Bacon), amenaza al mundo con una posible Tercera Guerra Mundial que daría inicio con el envío de misiles entre Cuba y los Estados Unidos.

Una de las cosas que más se hecha en falta durante el visionado de “X-Men: Primera Generación” es la pericia visual y el estilo gamberro que han caracterizado a cada una de las películas de Matthew Vaughn. Al tratarse aquí de una gran superproducción de estudio era de esperar que nos encontráramos a un director mucho más contenido y alejado de los excesos visuales que le han hecho famoso, aunque no deja de extrañar la pasmosa funcionalidad con la que están rodadas todas las secuencias de acción, sobre todo si se tienen en cuenta los buenos resultados que cosecho en este apartado con su anterior obra “Kick-Ass”. Destaca sin embargo el inicio de la cinta: la introducción del personaje del joven Erik en el campo de concentración que continúa la historia que pudimos ver en los primeros minutos del primer “X-Men“. Es en este personaje donde “X-Men: Primera Generación” encuentra sus mejores momentos y en los que los guionistas ponen todo su empeño en hacerlo creíble. Como espectadores, nos involucramos con él y comprendemos su dolor y la sed de venganza que le mueve a perpetrar cada uno de sus actos, haciendo que este sea el personaje más atractivo de la cinta. Hay que destacar a este respecto el carisma de Michael Fassbender, que hace que su Magneto sea, junto al Lobezno interpretado por Hugh Jackman, el personaje más memorable de la saga hasta la fecha.

James McAvoy hace lo propio para dotar de humanidad al joven profesor Xavier aunque, a diferencia de Erik, sus conflictos no se muestran tan interesantes, haciendo que el resultado final diste mucho del ofrecido por su partenaire. Erik y Xavier son el eje central alrededor del cual giran todas las tramas y subtramas de la historia aunque, desafortunadamente, la relación de amistad y los conflictos que se establecen entre ambos carecen del peso y dramatismo necesarios. Al resto del elenco de jóvenes mutantes les la falta la entidad y el desarrollo suficientes para que podamos establecer algún vinculo emocional con ellos, lo que hace que acaben siendo meros títeres al servicio de las escasas escenas de acción que presenta la película. Tampoco termina de funcionar el affaire que mantienen Raven (Jennifer Lawrence) y Hank McCoy (Nicholas Hoult), o la posterior transformación de este último en la Bestia, siendo esta demasiado bien recibida por el resto de sus compañeros, sin que esto suponga conflicto alguno. Hay personajes que deberían contar con un mejor desarrollo, como el de la agente del FBI, Moira (Rose Byrne), que tras su prometedora introducción, cae en el olvido más absoluto para luego ser recuperada en los minutos finales de la cinta.

El guión, cortesía de Ashley Miller y Zack Stentz (los mismos sinvergüenzas que escribieron “Thor”), pese a funcionar correctamente en todo su inicio y final, termina por fracasar en su construcción y desarrollo de personajes y se hace eternamente aburrido en toda su parte central, limitándose a llenar el metraje con escenas insustanciales que no hacen más que postergar un excelente clímax final. Los efectos especiales supervisados por John Dykstra están lejos de los resultados que este consiguió en “Spider-man 2” hace ocho años. Y la banda sonora que Henry Jackman (alumno de Hans Zimmer) ha escrito para la película resulta funcional y reiterada, a la vez que el tema central carece del peso necesario para hacerle memorable, por no hablar del plagio descarado que este hace en la secuencia final de la película del tema “Journey to the Line” para la película “La Delgada Línea Roja”.

Pese a todo esto, hay que destacar varios aspectos de la cinta, como la excelente fotografía de John Mathieson a la hora de recrear la década de los años 60 dándole un look retro pop en homenaje a las películas de espías de la época. También algunos aciertos de casting, entre los que destacan Michael Fassbender, Kevin Bacon, Sebastian Shaw o Caleb Landry Jones como Sean Cassidy. Así como el buen hacer por parte de Matthew Vaughn en el excelente dramatismo que otorga a la parte final del relato, ofreciendo la secuencia más memorable de la película, en la que se hace un montaje pararelo entre dos segmentos que culminan en la transformación definitiva de Erik en Magneto. En resumidas cuentas, esta nueva aventura de la Patrulla X respeta el universo de personajes creado por Stan Lee y Jack Kirby y es coherente con las anteriores cintas de Bryan Singer aunque, lamentablemente, nos da la sensación de que todo su conjunto podría haber dado mucho más de sí.

[Àlex Aviñó d’Acosta]

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