Paredes de Coura: música con ‘licença’. Porque “con licença” fue la frase más repetida por todos los que intentábamos hacernos un hueco entre el cuantioso público que, un año más, respondió fiel a la cita de este entrañable festival portugués que, a sólo 20 minutos de la frontera con España, se ha convertido ya en parada musical obligatoria para melómanos. Aunque hay quien ha comparado este evento con el FIB, el cartel del Ritek Paredes de Coura 2011 se acercó más a un Primavera Sound en versión reducida. Si a esto sumamos el buen tiempo que acompañó día y noche durante sus cuatro jornadas de duración, el resultado podía ser de todo menos malo.

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MIÉRCOLES 17 DE AGOSTO. Una de las estrellas del arranque del certamen fue Omar Souleyman, que consiguió llenar la carpa After Hours a una hora bien temprana. El cantante sirio se metió al gentío en el bolsillo con su particular combinación de sonidos árabes, kurdos y turcos, acompañado únicamente de un teclado y con una puesta en escena sin artificios. A continuación, Wild Beasts ofrecieron un agradable concierto de dream-pop-folk relativamente lastrado por problemas de sonido. Pero la verdadera explosión de la inauguración se produciría con Crystal Castles (en la foto) que, en formato de trío (con el añadido de un batería), lograron que literalmente no cupiera un alfiler en un recinto excesivamente abarrotado. Como siempre, Alice Glass lo dio todo, sobrada de actitud y presencia; y su habitual decorado decadente y sombrío, unido a las potentes bases, provocaron una locura colectiva en gran parte del público que obligó a más de uno a reubicarse para esquivar empujones y salir ileso. Definitivamente, el espacio After Hours se les quedaba pequeño, al tiempo que el sonido volvía a jugar malas pasadas, ya que en la parte delantera apenas se escuchaban las voces y, por el contrario, en la trasera se perdían los graves. Una pena. El grupo repasó sus dos discos (“Crystal Castles” -Last Gang, 2008- y “Crystal Castles (II)” -Universal, 2010-), brillando especialmente “Not In Love”y “Celestica”. Para cerrar, el dj valenciano Vladimir Dynamo consiguió sin dificultades que no decayeran los ánimos mezclando hits noventeros en clave disco difíciles de no bailar.

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JUEVES 18 DE AGOSTO. Con las puertas del escenario principal, el palco Ritek, ya abiertas, Twin Shadow (en al foto) nos regalaron una actuación muy interesante, llena de suavidad y elegancia y plagada de influencias tomadas del new wave ochentero. Justo después, We Trust (el supergrupo luso liderado por André Tentugal, que cuenta en sus filas con Rui Maia y Nuno Sarafa -miembros del combo X-Wife-, entre otros destacados nombres de la música alternativa del país vecino) ofreció un animado show en el Palco 2, donde la mayoría de los allí presentes coreaba el pegadizo estribillo de su single “Time”, que se incluirá en su inminente disco de debut.

Por su parte, las chicas de Warpaint (ojalá no fuera necesario matizarlo, pero escasean grupos íntegramente femeninos) crearon una intensa atmósfera con preciosas melodías que consiguieron armonizando sus tres voces. A renglón seguido, mientras se ponía el sol, aparecieron Blonde Redhead con su vocalista impecablemente vestida de blanco ante una tramoya simple pero efectiva: hileras de bombillas que se encendían o apagaban en momentos puntuales. Los neoyorquinos ejecutaron un concierto que, aunque fue creciendo en intensidad, hacia el final resultó un tanto frío. Con todo, sobresalió la voz de la japonesa Kazu Makino, la cual, en determinadas fases, recordaba a Laetitia Sadier.

Tal como transcurría la noche, con propuestas más introspectivas que festivas, estaba claro que el ambiente se caldearía justo antes de ver a Jarvis Cocker y compañía, sin duda los artistas más esperados. El inicio de Pulp sufrió el previsible retraso de rigor, durante el cual el ajetreo del staff sobre el oscuro escenario denotaba posibles problemas técnicos y acentuaba el nerviosismo de algunos de los asistentes. Al igual que en el último Primavera Sound, empezaron proyectando mensajes con luces LED sobre una lona negra a modo de telón (que se alargó más de lo normal, con el consiguiente enfado del público) hasta que, de repente, Jarvis irrumpió enérgico de un salto a la vez que sonaban los primeros acordes de “Do You Remember The First Time?”… Sin palabras. El show de Paredes se diferenció bastante del que dieron en el festival barcelonés intercambiando el orden de las canciones, añadiendo al setlist “Mis-Shapes” y “Acrylic Afternoons” (¡gracias!) y descartando “Underwear”. Igualmente, Jarvis se dejó ver mucho más gracioso y distendido y, si algo se notaba, era que se lo estaba pasando en grande. Y nosotros con él. Los minutos más memorables se alcanzaron con “Razzmatazz”, “F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E” y “This Is Hardcore”, rematados por un broche de oro inolvidable: “Common People”.

Tras la apoteosis de la banda de Sheffield, en el espacio After Hours, Delorean demostraron una vez más que se han convertido en un valor seguro en toda reunión musical y, aunque no sonaron tan potentes como en el pasado Cultura Quente, se habían ganado a pulso tocar en el escenario grande. Finalmente, con el productor y dj Riva Starr y su insípido house-dance, lo más apetecible era irse para cama a soñar con Jarvis y sus sinuosos movimientos de pelvis.

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VIERNES 19 DE AGOSTO. Dentro del segundo espacio del Palco Ritek, Summer Camp (que se incorporaban al cartel al caerse de él Jamaica) sonaron menos retro que en su EP “Young” (2010), aunque la voz tan dulce de su cantante, Elizabeth Sankey, salvó la papeleta. Diametralmente opuestos en cuanto a forma, y de regreso al recinto principal, Battles ofrecieron un concierto en el que tomaron el protagonismo intensos golpes de batería que hasta podían llegar a producir espasmos con un plato altísimo que necesitaba un considerable ejercicio de coordinación. Volvieron a constatar todo lo bueno que se puede hacer dentro de su peculiar estilo. Un acierto total. Otro de los platos fuertes del día fueron Deerhunter: A pesar del impresionante estado físico en el que se encuentra Bradford Cox, revelaron poseer muchas tablas sobre el escenario, alternando algunos tramos enérgicos con otros de calma más folky. Siguiendo esa misma línea, Kings Of Convenience (en la foto) ofrecieron un set en clave acústica que se vio enturbiado por esporádicos rumores originados entre los asistentes. Sin embargo, resultó sorprendente ver cómo Erlend Øye y Eirik Glambek Bøe callaban esas bocas y, al más puro estilo Simon & Garfunkel, conquistaban a las aproximadamente 20.000 personas que tarareaban y encendían sus móviles y mecheros visiblemente emocionadas.

La clausura del espacio principal corrió a cargo de Marina And The Diamonds. La propia Marina Diamandis (muy estilosa, con pantalones retro de pata de elefante) no pudo evitar las comparaciones con Florence Welch (salvando las distancias) debido a su voz grave. El hecho de que recurriera a coros pregrabados le restaba la credibilidad obtenida cuando se quedaba sola al piano. Y, sin poder presenciar los últimos veinte minutos de su show, hubo que desplazarse hasta el foso del After Hours para coger sitio y disfrutar en condiciones de otro de los grupos pujantes de la edición 2011 del Ritek Paredes de Coura: Metronomy, que incomprensiblemente fueron situados en la carpa pequeña. Interpretaron la mayoría de los temas de su último disco, “The English Riviera” (Because / Warner, 2011), y adaptaron composiciones de su álbum anterior (“Nights Out”; Warner, 2008) a su nueva configuración como banda que resultaron especialmente disfrutables, como “Heartbreak” o “Radio Ladio”. Pero los instantes más apasionados se vivieron con las más recientes “The Bay” (con todo el público saltando y pasándoselo en grande) y “The Look” (con unas líneas de teclado que producían verdadera adicción). Entre medias, fue gracioso ver cómo a Joseph Mount le sorprendió distinguir (tanto como a nosotros) un puesto de Pizza Hut tan cerca que se podía palpar desde el escenario. La conclusión de la noche correspondió a Mixhell, que pinchó acompañado en algunos momentos por un batería que ayudó a que la jarana fuese completa.

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SÁBADO 20 DE AGOSTO. Por la tarde, en lugar de ir al río que atraviesa el bosque donde se encuentra el festival (al parecer nos perdimos a Erlend Øye tocando la guitarra en una balsa hinchable), descubrimos un local cultural / after hours en el pueblo que le da nombre. Cinco de la tarde y música bakala noventera: después de tanto house facilón durante las noches en la carpa, incluso sonaba más sugerente para un posible fin de fiesta. Por lo menos, más auténtica… Y es que, si algo ha faltado este año en el Paredes de Coura, ha sido una programación de djs más interesante. Sea como sea, a esa misma hora nos enterábamos de que se ausentaban del cartel Foster The People para ser sustituidos por Maika Makovski (en la foto). Ante tal tesitura se presentó la mallorquina con su banda para dar un concierto correcto apoyado por los aplausos del público español y ganándose poco a poco los del portugués.

Posteriormente, hacían acto de aparición Two Door Cinema Club (en la foto). Repasaron íntegramente su repertorio publicado (ratificando que son una banda ideal para hacer bailar a todo el mundo), aunque aprovecharon la ocasión para adelantar una canción de su próximo álbum con un sonido que tiraba más a Coldplay y menos a Phoenix, como nos tienen acostumbrados. Esperemos a ver qué les depara el futuro.

A continuación, salieron al escenario Mogwai, los cuales, después de varios años relativamente flojos, están recibiendo buenas críticas en los últimos meses. Y, a tenor de lo visto, con razón. El concierto fue sobresaliente y, como diría Julio Ruiz, “aquí empezó todo”. Les dio tiempo a desempolvar piezas del gran “Rock Action” (Matador, 2001) y de su flamante disco, “Hardcore Will Never Die, But You Will” (Sub Pop / PopStock!, 2011), reforzados por proyecciones visuales que ayudaban a contextualizar la situación. Incluyeron también un par de canciones con distorsión en las voces que mostraron un diferente y acertado registro de los escoceses.

Por su parte, Death From Above 1979 tuvieron el honor de echar el cerrojo del Palco Ritek. Repetían en el Paredes de Coura con su estructura habitual, un bajo y una batería que subieron y bajaron la intensidad de la actuación a su antojo y que confirmaron que su sonido primitivo funciona en directo: suena arrollador y hace que la audiencia enloquezca. Ya que se han animado a volver tras el parón que anunciaron en 2006 (según han confesado en su web, están entusiasmados con ello) habrá que ver cuáles serán sus siguientes pasos… ¿Compondrán temas nuevos? A partir de aquel momento, como colofón al Ritek Paredes de Coura 2011, escuchamos de fondo en la carpa After Hours a Terry Hooligan vs. Rico Tubbs, que sonaban como una especie de orquesta pop versionando hits clásicos de Nirvana, Blondie

[Paula Sartier]

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