Los 25 mejores discos internacionales de 2016

Este año no jugamos a hablar de 50 álbums “buenos”, sino a confeccionar una lista con los 25 discos internacionales de 2016 que pasarán a la historia.

 

No sabemos si también os ocurre a vosotros, pero en nuestro caso tenemos que reconocer que, llegados a este punto del año, siempre nos descubrimos sonriendo al acertar los primeros puestos de las listas de otros medios que nos gustan. No es tan difícil, ¿no? Al fin y al cabo, este sanísimo deporte de las listas no es algo que se practique a modo de sprint al llegar el año, sino que es más bien una carrera de fondo que se va corriendo durante doce meses.

Si el primer puesto de nuestra lista te sorprende (para mal), es que no vamos bien: hemos dado suficientes pistas a lo largo y ancho del año como para que nuestro número uno sea coherente aquí y ahora. Y quien habla del número uno, también habla de cualquier otro número de esta lista: han sido nuestros protegidos durante todo el año… Así que no es de extrañar que hayan acabado por ser los protagonistas de nuestra lista con los 25 mejores discos internacionales del año 2016. Que aproveche.

 

Kanye West25. THE LIFE OF PABLO, de Kanye West. Con este hombre y este disco no hay espacio para la verdad absoluta, y mucho menos para la objetividad. “The Life of Pablo” es un trabajo que reclama a la fuerza tu subjetividad, que crece con ella o que se entierra a sí mismo a partir de tu propia percepción de no sólo todas y cada una de las canciones, sino del tinglado que rodea a disco y creador. Es esta la segunda cumbre de Kanye como padre absoluto de ese New Uncanny del que tanto se ha hablado a partir del ya archiconocido artículo de Jerry Saltz en la revista Vulture…  Y, sin lugar a dudas, es una cumbre mucho más alta, inalcanzable para el común de los mortales. Una puñetera burrada (musical y performativa) que el propio  tendrá problemas para superar. [leer más]

 

Lambchop24. FLOTUS, de Lambchop. Cualquier alma despistada podría escuchar este álbum por vez primera y pensar que aquí no ha cambiado nada: la voz de Wagner sigue siendo cálida y envolvente, las canciones siguen apostando por las progresiones largas, los ritmos siguen estando aletargados y como suspendidos en un ámbar pretérito. Pero, a poco que se le preste atención, “FLOTUS” libera todas sus novedades de forma exuberante: el uso del vocoder, la introducción de texturas electrónicas que se trenzan a la perfección con la instrumentación folkie, las cajas de ritmos digitales… Si Sufjan apostó por el baile y Justin Vernon por la fragmentación mental post-Kanye West, lo de Lambchop es más bien una aplicación de las enseñanzas de Kendrick Lamar a un entorno folk controlado. Repito: si viene del folk, si va hacia el folk, si suena a folk, si huele a folk… Es folk. Pero un folk que se ha deconstruido y reconstruido para que suene y brille en su máximo fulgor. [leer más]

 

Anderson .Paak23. MALIBU, de Anderson .Paak. Ahora que Kanye se nos rompió de tanto usarlo, no está de más buscarle nuevos reemplazos. Al fin y al cabo, el rollito hip-pop maximalista de hace tiempo que está en declive, así que no es de extrañar que una de las propuestas al alza sea precisamente Anderson .Paak, algo así como el punto intermedio pluscuamperfecto entre Kendrick Lamar (¿ha existido referencia más ubicua en este año 2016?) y Flying Lotus (otra referencia ubicua de los últimos años). Del primero toma el flow y la capacidad para inyectar coolism en las venas de sus composiciones sin que parezca que van dopadas. Del segundo toma la pericia a la hora de convertir sus canciones en complejas estructuras en 3D con recovecos ocultos que siempre te sorprenden… Si .Paak ya había convencido en su debut “Venice” (OBE, 2014), en “Malibu” (OBE, 2016) ha subido varios peldaños del tirón y se ha situado justo entre los más grandes. [Raül De Tena]

 

Junior Boys22. BIG BLACK COAT, de Junior Boys. Jeremy Greenspan y Matt Didemus son bastante asiduos al poco sano deporte del autosabotaje, así que ¿por qué deberían cambiar las cosas llegados a este punto? Como en todos los anteriores trabajos de Junior Boys, este “Big Black Coat” rebosa de temarrales que sería jitazos absolutos en un mundo ideal en el que no existieran ni “La Voz” ni Simon Cowell ni Edurne. A saber: “M & P” recicla las bases del mal llamado deep house tal y como deberían haberlo hecho Disclosure en su segundo disco (es decir: dejando de sonar a los fóquin Disclosure); “What Do You Want For Love?” debería convertirse en himno de los poperos que todavía siguen manteniendo un flequillo para menearlo con ritmos electrificados; “You Say That” acelera el pulso sin perder de vista los papeles… Y así hasta el infinito y más allá, sin pasar por alto que este disco contiene la que más que probablemente es la segunda mejor canción de la historia de Junior Boys: “C’Mon Baby” (¿cuánto habrían pagado los Pet Shop Boys actuales por componer algo así?). [leer más]

 

Preoccupations21. PREOCCUPATIONS, de Preoccupations. “Preoccupations” exhibe un sonido de tensión variable y penetrante, que atraviesa la epidermis como una brillante y afilada daga. El grupo canadiense demuestra así que no sólo conserva el poderoso estilo desplegado en el anterior “Viet Cong” (Jagjaguwar, 2015), sino que además lo matiza permitiendo que asomen entre las descargas eléctricas y los ritmos espartanos melodías cuasi pop como las que transpiran “Anxiety” -pese a su arquitectura gótica- o “Degraded” -con el vocalista y bajista Matt Flegel mirando cara a cara a Peter Murphy-. Pero este álbum no discurre por un camino fácil ni previsible, sino a través de uno en el que sus extremos se tocan. Tanto, que aquí conviven remansos de aparente paz de poco más de un minuto de duración (“Sense” y “Forbbiden”) con una odisea post-punk, “Memory” -con Dan Boeckner de Wolf Parade-, que supera los once y funciona como centro de gravedad de “Preoccupations” al condensar su ideario lírico y sonoro. [leer más]

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