Ya casi llegamos al final de nuestras listas… Así que ojito a los que para nosotros han sido los mejores discos internacionales de este año 2015.

 

Pocas veces un número 1 está tan claro en nuestras listas como el disco internacional de este año… Y tenemos que decir que nos resulta muy sorprendente porque, a priori, no ha sido un disco rompedor ni innovador ni sorprendente: simple y llanamente, ha sabido llegar a todo el mundo. Pero no desvelemos ya el número 1, porque todavía nos queda mucha lista que descubrir. Muchísima.

Y este año, además, viene más variada que nunca. Lo veréis vosotros mismos cuando la carrera hacia el número 1 se vaya acelerando y os deis cuenta de que nuestra lista no se circunscribe a ningún género en concreto. Más todavía: tampoco paga tributo a ningún tipo de ídolo, así que ya veréis que algunos de los discos de artistas clásicos no están precisamente en los primeros puestos.

Pero no nos entretengamos, que ya se sabe que este texto introductorio no se lo lee nadie y lo que la gente quiere es meterse de lleno en la lista de los que, a entender de la buena gente de Fantastic Plastic Mag, son los mejores discos internacionales del año 2015. Y, por cierto, si no ves alguno en concreto, no es un desliz: es que no hemos considero oportuno meterlo.

 

carly-rae-jepsen50. “EMOTION”, de Carly Rae Jepsen. Quizás la mayor virtud de Carly Rae Jepsen es que parece tomarse muy en serio su tarea de no tomarse muy en serio. Sea por eso, sea por lo que fuere, su flamante “Emotion” ensombrece de forma majestuosa hasta prácticamente ridiculizar cualquier otro disco de pop que se ponga por delante suyo en los últimos meses, desde por supuesto la mamarrachez del “Rebel Heart” de Madonna hasta el agradable aunque levemente decepcionante “Every Open Eye” de Chvrches. Porque, sí, “Emotion” es el “True Blue” de este siglo, aunque no haya vendido una mierda. “Emotion” suena a todo lo que debió sonar “1989” de Taylor Swift. “Emotion” demuestra que la radiofórmula no estaba muerta, está de parranda, en una fiesta a la que la triste de Adele no está invitada, con una petaquita llena de Jägermeister escondida entre camisetas de tirantes y sudaderas oversized. Así, “I Really Like You” y “Gimmie Love”, con su melancolía de mercadillo y menarquia, “Run Away With Me” y “Emotion”, tan añejas y a la vez tan modernas, o la imparable “Your Type” nos ponen sobre aviso de que estamos ante una obra epidérmica pero perpetua, que retrotrae a la primera Mariah Carey, a Paula Abdul, a Whitney Houston antes de casarse con Bobby Brown. “Emotion” es como la máquina de feria de “Big” (Penny Marshall, 1988), que nos hace ver desde un cuerpo adulto lo que en realidad queremos seguir disfrutando como niños. Una jodida maravillita. [David Martínez de la Haza]

 

new-order49. “MUSIC COMPLETE”, de New Order. “A la vejez, viruelas”. Refrán típicamente español al cual, en su traslación inglesa, debieron de recurrir Bernard Sumner y sus históricos compañeros de New Order (Stephen Morris y Gillian Gilbert; no así, naturalmente, el huido en 2007 Peter Hook) antes de abordar la elaboración de nuevas canciones desde las que habían compuesto para su anterior álbum de estudio, el lejanísimo “Waiting For The Sirens’ Call” (Rhino, 2005) -no contamos “Lost Sirens” (Rhino, 2013) al estar integrado por descartes del mismo-. Porque los mancunianos -y, en concreto,Sumner– quizá pensaron que, para adaptarse a los tiempos actuales y no resultar desfasados, tenían que empaparse de sonidos modernos (o, si lo prefieren, modernizados). Ese es, teóricamente, el espíritu de su noveno trabajo, “Music Complete” (Mute, 2015), que sugiere que la totémica banda no ha tenido ningún complejo a la hora de intentar renovar su aspecto musical -en contraposición al gráfico, ya que su portada viene firmada otra vez por Peter Saville-, según cánones contemporáneos. Aunque en el proceso tampoco dudaron en rebuscar en su propio legado para desempolvar esquemas ya seguidos en el pasado y no desorientarse por el camino. [leer más]

 

jamie-woon48. “MAKING TIME”, de Jamie Woon. “Making Time” suena mucho más natural que “Mirrorwriting“. Aquí se nota que Woon no imita a nadie ni intenta seguir el ritmo de los tiempos: simple y llanamente, lubrica a la perfección el aparato sexual del crooning r&b clásico y, así, sin más, lo borda. Al fin y al cabo, la producción nítida y cristalina de este disco permite que brille la verdadera protagonista de todo esto, que no es otra que la propia voz de Jamie. Puede que las canciones no sean revolucionarias ni, a priori, sorprendentes… Pero es precisamente esa falta de pretensiones lo que cierra a la perfección canciones como “Movement” (con su toque de funk trotón), “Sharpness” (o lo u que es lo mismo: la definición de diccionario de “coolness musical”), “Thunder” (y sus aromas de improvisación jazz), “Dedication” (como cierre cálido pero nunca hirviente) o “Celebration” (con un juego de voces y un mood que se te queda debajo de la piel). Aquella barba de mierda debería habernos advertido: Jamie Woon no era tan cool como James Blake ni iba a tener una carrera como la de él. Por el contrario, desapareció del mapa durante una temporada y regresa ahora en unas coordenadas musicales cercanas en las que, por fin, suena a Jamie Woon. Al cien por cien. ¿Cómo no rendirse ante alguien que, después de haber pretendido ser otra persona, por fin se abre la pechera de la camisa y te enseña toda su desnudez? [leer más]

 

the-weeknd47. “BEAUTY BEHIND THE MADNESS”, de The Weeknd. La clave aquí parece ser “Kiss Land” (Republic, 2013), ese disco en el que Tesfaye se comportó como si fuera a salvar el mundo de la música moderna y que acabó por interesar a su madre, a su padre… y para de contar. Un batacazo como aquel pone a cualquiera en su sitio, eso no lo puede negar nadie. Y de aquella cura de humildad parece nacer un ejercicio de depuración que germina en este “Beauty Behind The Madness” (Republic, 2015) en el que las constantes vitales de The Weeknd siguen haciendo acto de presencia, claro, pero en el que el artista suelta mucho lastre y, sobre todo, muchas pretensiones: su personaje bigger than life, ese pendenciero que no te lo crees a no ser que pongas mucho de tu parte, sigue siendo el principal protagonista de esta función, y sus rimas siguen sonando grandilocuentes y peliculeras, pero lo que envuelve a boca y persona, la música, las canciones, todo suena más medido, más ajustado, más acertado. [leer más]

 

roisin-murphy46. “HAIRLESS TOYS”, de Róisín Murphy. Puede que la complejidad de las canciones palidezca al lado de los geniecillos elecrónicos con los que la Murphyestaba acostumbrada a trabajar y, de hecho, también puede que la mayor parte de canciones tengan menos de construcción intrincada y más de exploración de una única idea a la que se le va dando vueltas y en la que con cada nueva vuelta se descubre algo nuevo. Al fin y al cabo, “Hairless Toys” es precisamente eso: un disco mucho más psicológico que físico. Un disco que transmite a la perfección todas las inseguridades circulares y repetitivas, todos los discursos de derrumbe del ego en los que nos sumimos cuando nuestras expectativas se van al traste y cuando, peor todavía, sentimos que no hemos estado a la altura de las expectativas de los que nos rodean. Ahora bien: ¿existe retruécano más elecuente que esto de acabar pasándote por el forro las expectativas de los demás disertando sobre cómo no has cumplido (ni volverás a cumplir) con sus expectativas? [leer más]

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