Ah, The Walkmen… Qué buen grupo. Apuesto que esto es lo que a mucha gente se le pasa por la cabeza al escuchar hablar de ellos y apuesto también que muchos no se explican cómo todavía, tras ocho años de existencia, no han logrado dar ese importante salto que hay entre ser un grupo de culto y una banda indie para las masas; cosa que, sin ir más lejos, les pasó a otros neoyorkinos hace tan sólo unos meses. Sí, hablamos de The National y su magnífico “High Violet” (4AD, 2010). Las similitudes no acaban en el origen geográfico o situación artística actual: ambas bandas empezaron su andadura a principios de esta primera década que ya hemos dejado atrás como algunas de las formaciones más prometedoras de Nueva York, junto a The Strokes (el tiempo pone a cada uno en su sitio, una vez más), y ninguna de las dos ha publicado todavía un disco que podamos calificar como mediocre, algo extremadamente inusual a día de hoy.

La realidad es que The Walkmen han sido los alumnos aventajados de la superpoblada escena garage americana desde ese ya lejano debut en 2002 con el que comenzaron a llamar la atención del público más exquisito. Fueron además, lo suficientemente buenos como para no quedarse estancados como una “one hit band” tras el éxito de la pegadiza “The Rat”, impulsando la carrera musical de Leithauser y los suyos en un claro salto de popularidad con su anterior disco, aquel “You & Me” (Fierce Panda, 2008) que les sirvió para ganarse incluso el respeto de la exigente Pitchfork. Fieles a su constante ritmo de publicación, The Walkmen se descuelgan ahora con “Lisbon” (Fat Possum / Nuevos Medios, 2010), un trabajo que ya prometía desde el momento que pudimos escuchar su primer single, una canción que viene a ser la definición de elegancia hecha música. Y, tras dar cuenta del disco entero, no hay lugar para la decepción… Pero vayamos por partes. Primero, el título no es más que un guiño a la preciosa ciudad portuguesa, emplazamiento que les ha sido de gran inspiración a la hora de grabar sus nuevas canciones y donde llegaron a grabar hasta treinta canciones en varias visitas que realizaron a la capital. La selección se quedó al final en once temas, pero… ¡menudos once! Aquí no hay espacio para relleno.

The Walkmen son una de esas bandas que, para bien o para mal, siguen haciendo lo que les da la real gana, sin tener que responder a los deseos de su sello. Esto juega claramente a su favor, pues los americanos despachan aquí un tratado de cómo combinar con acierto guitarras más limpias de las que nos tienen acostumbrados junto con la difícil voz de Hamilton Leithauser y una arriesgada pero más que interesante instrumentación. La efectiva “Juveniles” es un caballo ganador para abrir un trabajo de estas características, pues funciona tanto como carta de presentación de lo que nos podemos esperar además de como efectivo hit para engancharnos a escucharlo. “Angela Surf City” es sólo un espejismo, pues las coordenadas de “Lisbon” no van por ahí, sino por los ritmos y melodías refinadas de “Blue as Your Blood” o la ya mencionada “Stranded”. La segunda mitad del disco es de corte más tranquilo, remitiéndonos en más de una ocasión a los 50 gracias a una instrumentación vintage y a alguna sección de viento realmente deliciosa. Es necesario destacar los juegos vocales y las cuerdas de “All My Great Design”, además de “Lisbon”, encargada de cerrar y, posiblemente, la mejor composición de este sexto asalto.

Radiante, luminoso, positivo… Este “Lisbon” es una auténtica gozada. Lejos quedan ahora los tiempos de pelea por banda más cool de Nueva York, pues The Walkmen están ahora por encima de todo eso: han abandonado aquel garage rock inicial que les caracterizaba para entrar en terrenos más pantanosos, salir airosos con un sonido tan distinguido como exclusivo y entregar un trabajo que, personalmente, coloco por encima de su anterior “You & Me”. The Walkmen han encontrado sus señas de identidad y las han plasmado en “Lisbon”, una perfecta exposición de evolución en el terreno musical.

The Walkmen – Stranded – Live at Governor’s Island from Big Ass Lens on Vimeo.

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